Por qué las bibliotecas escolares españolas siguen ancladas en el pasado

La Ley 10/2007, de la lectura, del libro y de las bibliotecas (modificada en 2014) establece que la biblioteca escolar debe disponer de recursos para la comprensión lectora y el rendimiento escolar de estudiantes y remite a la Ley Orgánica 2/2006 de Educación.

Esta última norma responsabilizó a los poderes públicos del fomento de la lectura y el uso de bibliotecas y, a través del artículo 113, estableció que las bibliotecas escolares estuvieran en los centros educativos y sirvieran a las competencias básicas, fomentando la lectura, permitiendo el acceso a la información y proveyendo recursos de aprendizaje.

Aunque no respetaba las recomendaciones profesionales de la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas, marcó un hito en la historia de las bibliotecas escolares de España. Sin embargo, hoy en día, el modelo dista mucho de satisfacer las necesidades de la educación para el siglo XXI. Es más, las bibliotecas escolares no están en las agendas políticas y el fundamento y apoyo legislativo está obsoleto.

A estos escollos se suma la diversidad de sistemas educativos en España, que da lugar a desarrollos dispares de las bibliotecas escolares según la comunidad autónoma. En cualquier caso, es especialmente importante que las bibliotecas escolares formen parte del sistema bibliotecario comunitario para el aprovechamiento y la garantía de recursos y medios.

Otro de los hándicaps se refiere a los profesionales que están a cargo de las bibliotecas escolares, que asumen en muchos casos el rol de responsables y carecen de las competencias de los profesionales de la información (algo que no ocurre en países con bibliotecas escolares ejemplares como Estados Unidos, Reino Unido y Australia) para poner en marcha bibliotecas digitales y prestar servicios bibliotecarios, gestionar las nuevas casuísticas de materiales didácticos que están generando las editoriales, integrar los recursos de información en programas de alfabetización en información y coordinar redes de bibliotecas.

Una evolución natural

Los cambios socioculturales, económicos y tecnológicos de las últimas décadas han obligado a las bibliotecas a replantearse cómo seguir cumpliendo su papel en un entorno digital tan velozmente cambiante.

Las bibliotecas escolares llevan consigo la responsabilidad de servir a la educación, siendo el primer contacto bibliotecario de las nuevas generaciones. Ante las diferentes formas de aprender y llegar al conocimiento, formuladas a través de teorías del aprendizaje, la educación se enfrenta al reto de articular conocimientos, herramientas, destrezas técnicas, habilidades, métodos, actitudes y valores en las denominadas competencias.

El impacto del proyecto europeo DigComp ha resultado en que estas han pasado a denominarse competencias digitales. Han de integrarse en el currículo de manera transversal adaptando, a su vez, las metodologías didácticas y la evaluación de los resultados de aprendizaje.

Este paradigma pedagógico está exigiendo la transformación de los materiales didácticos y entornos de enseñanza de los centros educativos, ahora caracterizados por una tecnología digital que facilita la conectividad, interactividad, inmediatez y ubicuidad.

Así, han surgido fenómenos como los entornos personales de aprendizaje, las comunidades virtuales de aprendizaje y las redes de centros educativos. Están cobrando protagonismo estrategias docentes como la ludificación, el aula invertida o flipped classroom y el aprendizaje basado en proyectos. En el currículo comienzan a introducirse la robótica y la programación. Y en el ámbito internacional, cabe destacar iniciativas como Khan Academy, el movimiento de la educación abierta y los marcos competenciales para alumnos del siglo XXI.

Más allá de los libros y la lectoescritura

El modelo de biblioteca escolar adecuado para responder a estos desafíos y apoyar verdaderamente a los educandos, educadores y centros educativos es el que denominamos desde la academia CREA: Centro de Recursos para la Enseñanza y el Aprendizaje. Sus objetivos son:

Organizar y representar el conocimiento mediante diferentes tipos de recursos de información (software, sets de datos, recursos interactivos y multimedia, materiales y unidades didácticas, guías y metodologías docentes, etc.), que deberán gestionarse y hacerse accesibles y usables.
Orientar, formar e informar a la comunidad educativa.
Promocionar la lectura en cualquiera de sus dimensiones.
Sustentar un nuevo modo de conocer y comunicarse a través de las alfabetizaciones múltiples (informacional, mediática y visual).

Este es el aspecto de la biblioteca de la Escuela de Educación Primaria Bundoora (Australia)
Budoora
El CREA va más allá de la competencia lectoescritora y los planes de lectura para situarse como una unidad de servicios que gestiona los documentos y recursos de información del alumnado, profesorado y centro educativo a través de bibliotecas digitales y esquemas de metadatos, que garantizan el acceso, la navegación, la reutilización y la preservación digital.

Además, apoya la inculcación de competencias en información, comunicación e imagen a través de diversos modelos de instrucción bibliotecaria. Por ejemplo, la integración curricular en los proyectos escolares y metodologías didácticas, los servicios de referencia, las LibGuides y los talleres temáticos bajo demanda.

A través de actividades que fusionan cultura y diversión, el CREA permite estrechar los vínculos entre la comunidad educativa, incentivar su interés por la lectura y el aprendizaje e incrementar sus niveles de autonomía en la adquisición de conocimientos (aprender a aprender). Adicionalmente, desde el CREA puede asumirse la gestión documental del centro.

El CREA es una oportunidad para servir plenamente al aprendizaje permanente, la inclusión social y la interculturalidad, la participación responsable en democracia y el pensamiento crítico ante la multimodalidad de información.

Necesidades del CREA

Para evolucionar a CREA, una biblioteca debe ser gestionada adecuadamente y cumplir ciertos requisitos:

Estar alineada con el proyecto educativo y la programación general anual, siendo una unidad planificada con presupuesto asignado y evaluación de resultados.
Estudiar a los usuarios (alumnado, profesorado y familias).
Gestionar la colección.
Automatizar tareas mediante software de gestión bibliotecaria.
Diseñar y adecuar espacios bien señalizados para la distribución de la colección, la lectura, el rincón infantil, el catálogo en línea, los expositores y la zona informática.
Prestar servicios bibliotecarios (préstamo, referencia, talleres, dinamización y extensión cultural).
Tener horario suficiente y personal dedicado.
El entorno digital en el que vivimos exige, además, que la biblioteca se desarrolle en la Web como una biblioteca extendida, facilitando espacios de conocimiento (acceso, contextualización, elaboración, ampliación y uso de información), de encuentro sociocultural (compartir experiencias, dialogar, debatir, respetar, escuchar y expresar opiniones), de reflexión y evaluación crítica, de crecimiento personal (aprendizaje y ciudadanía) y para la utopía (creatividad e innovación para la transformación del mundo).

Para ello, deben implementarse repositorios y servicios de referencia digital, portales web diseñados para el móvil, servicios de redes sociales, aplicaciones, clubes de lectura en la nube, catálogos en línea y herramientas de descubrimiento.

La cooperación a través de redes bibliotecarias es esencial porque suele ser la única vía factible para el éxito de proyectos que, por su ambición, carga de trabajo o necesidades de recursos tecnológicos y humanos, sean impensables para una sola biblioteca. Debe contemplarse la cooperación no solo con otras bibliotecas escolares, sino también con bibliotecas públicas y universitarias, para el aprovechamiento de una mayor capacidad de infraestructura, tecnología y recursos de información y para la realización de determinados servicios, como la alfabetización en información a través del modelo de biblioteca integrada y el acceso a los recursos gracias a las bibliotecas móviles (bibliobuses).

Mientras las bibliotecas escolares permanezcan con horarios mínimos a expensas de planes sin continuidad y sin verdaderos profesionales de la información integrados en los centros educativos y trabajando con los agentes educativos, seguirán distanciándose paulatinamente de los requisitos del modelo educativo para el siglo XXI.

Author / Source – Eduardo de la Cruz Palacios, Bibliotecario en la Unidad de Recursos de Información Científica para la Investigación, CSIC – Consejo Superior de Investigaciones Científicas

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